ULZAMA, LA JOYA DEL TURF ESPAÑOL

Una gran parte de la historia del turf español de los últimos treinta años se ha escrito en el haras de Ulzama. Allí cubrieron inolvidables cracks como Maspalomas, Terborch, Donagua, Quinault, Rheffissimo y en sus praderas nacieron y se criaron campeones que van desde La Novia a Canaleto, pasando por Robertiya, Salaam, Villablanca, Kashwan, Persian Ruler, Seis Doble, El Campillo...

De Ulzama han salido ganadores de todas las principales carreras del calendario nacional y también los productos locales que más éxito han tenido en el circuito europeo, como es el caso de Persian Ruler, único caballo nacional ganador de Grupo 3 en Francia, Kashwan, primer colocado de Grupo 2 o el de Salaam, única yegua española (junto a Teresa y La Cibeles) colocada de Grupo 3. También en Ulzama nació Robertiya, líder de su generación a dos y tres años y a la que se la puede considerar mejor madre nacida en España. Su hija Volvoreta ganó el prestigioso prix Vermeille (Gr. 1), fue segunda del Diane (Gr. 1) y tercera del Arco de Triunfo batida solo por Sinndar y Egyptband en una memorable carrera. Otro hijo de Robertiya, Egeo, segundo de Ragmar en el Grefulhe (Gr.2), es un semental que ha prestado sus servicios en la yeguada navarra.

Todos los grandes premios del calendario español han contado con algún ganador nacido en Ulzama. Desde el Gran Premio de Madrid (Monet) a la Copa de Oro (Kashwan, La Novia, Persian Ruler...) y Memorial Duque de Toledo (Canaletto, Seis Doble). Del Gobierno Vasco (Bariloche) y Kutxa (Salaam). De la Poule de Potros (Bariloche) y Potrancas (Manola, Robertiya, Molinera...) al Derby (Cullinan, El Campillo), Oaks (Robertiya) y Villamejor (Canaletto y Manola). Del Critérium Internacional (Bariloche, Robertiya...) al Príncipe de Asturias (Manola, Robertiya...)

UN MILLÓN DOSCIENTOS MIL METROS CUADRADOS DE PRADERAS 

La Sociedad de Fomento de la Cría Caballar de España después de reconstruir las carreras españolas tras la guerra civil, no ha llevado a cabo en su ya larga historia un proyecto con tanta trascendencia para el turf nacional como fue la puesta en marcha de la yeguada Ulzama.

Uno de los mayores problemas con que se encontró el turf local tras la contienda civil fue que el número de caballos para organizar carreras no pasaba de cincuenta. Había que fomentar la aparición de nuevas cuadras y posibilitar que los propietarios de las pocas yeguas con que se contaba tuvieran la oportunidad de criar en condiciones muy favorables. Ante esta situación, la Sociedad de Fomento alquiló la yeguada guipuzcoana de Arizabalo para que los propietarios que no dispusiesen de instalaciones de cría propias pudiesen enviar allí sus yeguas por una módica pensión. El objetivo no era obtener beneficios económicos, sino prestar un servicio y atender una necesidad.

Pero con el paso del tiempo Arizabalo se quedó sin suficiente espacio para atender la demanda de un turf que poco a poco se iba desarrollando y en 1971 la Sociedad de Fomento arrendó unos terrenos de un millón doscientos mil metros, en las localidades navarras de Auza y Etzaburu, que bautizó como yeguada Ulzama, "la bien nacida, para ayudar a nacer", como pregonaba la publicidad de la época.

La finca se hallaba en su mayor parte cubierta por helechales, matorral y roble. La conversión de estos terrenos en prados hasta cubrir prácticamente toda la extensión de 1.200.000 mts2,  exigió un esfuerzo monumental. Además se construyó una presa con embalse propio con capacidad de ciento veinte mil metros cúbicos que garantizaba el necesario y permanente grado de humedad de los terrenos. Pero también era preciso asegurar la eliminación del exceso de agua en un clima con abundancia de lluvias en determinadas épocas del año. Ante esta necesidad se realizó el drenaje de los prados con un recorrido de diez kilómetros. Acondicionarla en su totalidad supuso uno movimiento de tierra no inferior a los diez mil metros cúbicos. Los trabajos de campo fueron acometidos bajo la dirección del ingeniero de montes Antonio Prieto y Hernández de Tejada. Más tarde se abordó el plan de edificaciones racionalmente concebidas para un mejor aprovechamiento y servicio. Había que comunicar las distintas dependencias y se dotaron 3.870 metros de caminos interiores para conseguirlo. Para garantizar el trabajo de los yearlings durante la época invernal se creó un callejón -de forma elíptica-, con 600 metros de desarrollo, y para que las yeguas pudieran ejercitarse los días en que los prados no se pudieran utilizar se acondicionaron dos círculos de cincuenta metros de diámetros, con piso drenado y cubiertos de arena.

Aseguran los expertos que el pura sangre se puede criar en todas partes, con tal de que se disponga de prados a razón de al menos una hectárea por yegua madre, media hectárea por cada yegua vacía y otra media por cada yearling. La riqueza de la pradera, la hierba fresca durante todo el año, es el principal factor que marca la diferencia de un terreno sobre otro y ahí el potencial de Ulzama resulta extraordinario. En sus prados son muchas las razones que se ofrecen para que allí nazcan y se críen caballos ganadores.

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